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Renovaciones de seguros: el calendario cambia por ramo y la fuga más cara no se ve

A 45 días preguntás qué cambió sin nombrar el precio. A 15 mandás el número con dos coberturas. Y todos los meses alguien tiene que abrir el archivo de cobranzas rechazadas.

13 min de lecturaStriqTech

Al cierre del año, en la cartera de cualquier productor, hay dos listas de pólizas perdidas. La primera la peleaste: el cliente comparó, discutió el aumento y se fue con otro. Tenés el nombre de cada una y sabés contra quién la perdiste. La segunda ni siquiera la viste: el débito rebotó en marzo, el rechazo llegó en un archivo del portal que nadie abrió, y la compañía anuló la póliza por falta de pago. Esa lista no aparece en ninguna medición de retención, porque técnicamente no son bajas: figuran como anuladas.

La primera se trabaja con un calendario, y no arranca el mismo día en todos los ramos: 45 días en automotor, 60 en comercio, 30 en hogar. Lo que fija el plazo no es una regla de comunicación sino cuánto tardás en llegar al mensaje del precio con un número defendible. Si recotizás en una sola compañía, tu automotor arranca cómodo a 30 días; si recotizás en cuatro y una tarda dos días hábiles en contestar, 45 es el piso.

La segunda no se trabaja con mensajes: se trabaja abriendo un archivo todos los meses, siempre el mismo día. Las dos aguantan a mano bastante más de lo que se cree, y el punto donde dejan de aguantar no lo marca la cantidad de mensajes.

La renovación es de los pocos eventos comerciales con fecha conocida doce meses antes. El problema es que el productor de al lado también la conoce, y su primera pregunta cuando engancha a alguien es "¿cuándo te vence?". Contra eso no competís con precio: competís con haber llegado antes y con datos que el otro no tiene.

Cuándo arranca la cuenta regresiva lo decide el ramo

RamoPrimer contactoQué hay que hacer antes de escribirPor qué ese plazo
Automotor45 díasRecotizar en tres o cuatro compañías con datos nuevosCada portal pide lo mismo y ninguno comparte nada
Hogar30 díasActualizar la suma asegurada del contenidoCambian pocas variables y la decisión es rápida
Comercio e integrales60 díasRevisar inventario, sumas aseguradas y actividad declaradaEl dato lo tiene el cliente y tarda en juntarlo
Vida y accidentes personales30 díasVerificar que la cobranza esté vivaCasi no se recotiza: se cae por pago, no por precio

La columna que manda es la tercera. El plazo no es una convención del rubro: es el tiempo que te lleva llegar al segundo contacto con un número defendible. Si recotizás en una sola compañía, tu automotor arranca a 30 días sin ningún costo. Si recotizás en cuatro y una tarda dos días hábiles en devolver, 45 es el piso.

La última fila es la que menos se mira y la que anticipa la mitad de este texto: hay ramos donde la renovación casi no se discute y la póliza se cae igual, por el lado de la cobranza.

El primer contacto es un chequeo de datos y no menciona el precio

No es un aviso de vencimiento: es el chequeo anual de datos, y va escrito como tal.

Para automotor, cuatro preguntas cerradas en un solo mensaje:

  1. ¿El auto sigue durmiendo en cochera todas las noches?
  2. ¿Lo maneja habitualmente alguien más? Si hay alguien de menos de 25, decime quién.
  3. ¿Le sumaste algo que no estaba: GNC, llantas, equipo, alarma?
  4. ¿Lo usás para trabajar, aunque sea a veces? Reparto, aplicaciones, viajante.

Para comercio o integral de hogar cambian las preguntas, no la lógica: qué reformaste, cuánto costaría reponer hoy todo lo que hay adentro, si pusiste o sacaste alarma, si alquilás una parte.

Hay dos razones para que este mensaje exista y la primera no es comercial. Si la suma asegurada quedó vieja, en un siniestro parcial se aplica la regla proporcional: un local asegurado por 10 millones cuando reponer el contenido cuesta 20 cobra la mitad de lo que reclama. Preguntar a tiempo es tu trabajo, no una excusa para escribir.

La razón comercial es la otra: recotizar en varias compañías con datos reales lleva días, y a 45 días todavía nadie está en modo comparar. La regla dura es que este mensaje no puede contener la palabra renovación ni una cifra. Si la contiene, le pusiste una fecha en la cabeza mes y medio antes y le regalaste ese tiempo a la competencia.

El contacto del precio lleva dos coberturas, no dos precios

Acá va el número, con cuatro elementos:

  • Lo que venía pagando y lo que queda, uno al lado del otro. Sin la comparación, cualquier cifra parece arbitraria.
  • El motivo en una línea concreta. "Sube porque actualizamos la suma asegurada: el auto hoy se cotiza en X". Nunca "por el contexto" ni "por ajuste de la compañía".
  • Una segunda cobertura con una palanca movida y nombrada. No es un descuento ni un precio alternativo: es la misma póliza con la franquicia de daño parcial más alta, o sin cristales y granizo, o pasando de todo riesgo a un casco con terceros completos. La palanca se dice con nombre y con consecuencia: "con esta, si el choque es tu culpa ponés X de tu bolsillo en vez de Y". Un solo número convierte la charla en un sí o un no, y el no se va a pedir presupuesto afuera. Dos coberturas la convierten en cuál de las dos, y esa comparación se hace adentro de tu propuesta, con tu asesoramiento, contra un competidor que va a mandar un número suelto sin decir qué le sacó.
  • Qué pasa el día del vencimiento si no contesta nada.

La palanca no se elige al azar: sale de lo que contestó en el primer contacto. Si el auto duerme en cochera y lo maneja una sola persona de 40 años, subir la franquicia es una palanca honesta. Si lo usa para repartir cuatro días a la semana, no lo es: ahí la palanca es otra, o directamente no hay segunda opción y se lo decís con esas palabras. Ofrecer una cobertura más barata que el cliente no puede sostener es la forma más rápida de ganar una renovación y perder un siniestro.

El aviso de tres días informa una consecuencia, no vende

El último mensaje no argumenta nada. Dice el día y la hora del vencimiento, dice qué pasa si el cliente no hace nada, y hace una sola pregunta binaria.

Si hay débito automático: "El viernes 12 se debita $X de la tarjeta terminada en 4417 y la cobertura sigue igual. ¿Confirmás?". Si no lo hay: "El viernes 12 a las 12:00 la póliza queda sin cobertura. ¿Sigo con la cobertura que tenés hoy?".

Esos cuatro dígitos no están de adorno. Son la única oportunidad razonable de que el cliente note que la tarjeta que figura en la compañía ya no es la que tiene en la mano, que es exactamente el origen del problema que viene más abajo.

Si llegás al día del vencimiento sin respuesta, lo que sigue no es otro mensaje: es una llamada, y no por insistencia comercial. En cualquier otro rubro el silencio del cliente es una venta que no se hizo. Acá es una persona que mañana puede estar manejando sin cobertura convencida de que la tiene. Esa diferencia es la que te obliga a levantar el teléfono, y conviene decirla en voz alta apenas atiende.

Tomador, asegurado y quien paga rara vez son la misma persona

La póliza tiene roles separados y tu WhatsApp casi siempre tiene uno solo cargado. El tomador firma, el asegurado usa el bien, y quien paga puede ser un tercero: el padre que le puso el auto al hijo, el contador que maneja los pagos del comercio, la empresa que paga la flota, el hijo que le renovó el hogar a la madre.

Cada contacto se rompe con una persona distinta. El chequeo de datos solo lo puede contestar quien usa el bien: el padre no sabe si el auto duerme adentro en La Plata. El precio solo lo decide quien paga. Y el rechazo de cobranza solo lo resuelve el titular de la tarjeta, que es justo el que muchas veces no está en ninguna conversación tuya.

No hace falta ningún sistema para arreglarlo: hace falta abrir el listado que ya tenés y poner tres teléfonos donde hoy hay uno, con la etiqueta de quién usa, quién decide y quién paga. En una cartera de 300 pólizas no coinciden en bastantes más de las que uno espera, y son las de prima más alta: flotas, comercios y las familias con varios autos en la misma póliza.

La cotización nueva es el mismo cuestionario en otro orden

Cuando entra un "¿cuánto me sale asegurar el auto?" por WhatsApp, el error es contestar con un número. Un precio que después sube cuando cargás el dato real cuesta más caro que haber tardado dos horas: el cliente no vuelve a creerte ninguna cifra.

Lo que funciona son dos mensajes. El primero pide los datos en una lista numerada, todos juntos, nunca de a uno: marca, modelo y año, código postal donde duerme, si hay cochera, quién maneja y desde qué año, y para cuándo lo necesita. Ese último dato es el que separa a quien compra hoy de quien está mirando, y no cuesta nada preguntarlo.

El segundo mensaje da un rango con las dos condiciones que lo mueven —franquicia y valor asegurado, dichas en criollo— y una fecha para el número en firme. Y lleva algo que casi nadie escribe: hasta cuándo vale esa cotización. Un número de hace tres semanas no existe más, y decirlo desde el principio te ahorra la conversación de tener que desdecirte después.

La fuga que no aparece en ningún reporte de retención

Todo lo anterior atiende a la póliza que se discute. La que más duele es la que nunca se discutió.

El circuito completo es este. Al cliente le reemitieron la tarjeta con fecha de vencimiento nueva y nunca la actualizó en la compañía. O cerró la caja de ahorro donde tenía armado el débito. O el consumo rebotó por tope. La cuota del mes no se cobra. La compañía reintenta en el ciclo siguiente y vuelve a rebotar. El rechazo viaja en un listado de cobranzas rechazadas que aparece en la extranet del productor, en un archivo que se descarga cuando alguien se acuerda.

Mientras tanto, la mora suspende la cobertura. Está escrito en las condiciones generales de cualquier póliza y es el único punto de todo este texto que conviene que leas en la tuya, porque el plazo y la forma de rehabilitación cambian por compañía. El cliente no lo sabe. Sigue manejando, sigue con el local abierto, sigue pensando que está asegurado porque él nunca dio de baja nada.

Tres cosas hacen a esta fuga distinta de todas las demás:

  • No genera conversación. Nadie te dice que se va. No hay objeción de precio, no hay pedido de recotización, no hay un "lo estoy pensando". Un día simplemente no está.
  • No figura como pérdida. En el sistema queda "anulada por falta de pago", que es un estado distinto de "no renovada". Si medís retención sobre los vencimientos del mes, esa póliza nunca entró en la cuenta: se murió antes de llegar al vencimiento.
  • Recuperarla sale más caro que conseguir un cliente nuevo. Al volver a darla de alta, el cliente arranca de cero: pierde la antigüedad y la bonificación por no haber tenido siniestros que venía acumulando, y encima ahora te compara con el precio de mercado. Esa conversación es peor que la de la renovación que perdiste discutiendo.

Y está el escenario que convierte esto en un problema tuyo y no de la compañía: el siniestro ocurre en el mes que estuvo suspendido. La llamada empieza con "choqué" y sigue con "yo te pago todos los meses". Vos tenés el listado de rechazos que lo decía, con la fecha en que se publicó.

El chequeo que evita todo esto no es un sistema, es una rutina con fecha fija: el día que la compañía publica el listado, cruzarlo contra la cartera y llamar —llamar, no escribir— a cada rechazo ese mismo día. Un rechazo tiene ventana: entre el primer rebote y la anulación hay unas semanas y una gestión de dos minutos del lado del cliente. Pasada la ventana no hay mensaje que lo arregle.

Las dos fugas de una cartera, con números

Tomá una cartera de 300 pólizas anuales: 25 vencimientos por mes. Con una prima anual promedio de USD 600 y una comisión del 18%, cada póliza vale USD 108 al año y por tu escritorio pasan USD 2.700 de comisión anual todos los meses. Es un molde para que pases tus propias cifras, no una referencia del rubro.

La fuga que ves. De esos 25 vencimientos, los que no renuevan después de recibir el precio. Si son 4 por mes, son USD 432 de comisión anual que no vuelven hasta conseguir cuatro clientes nuevos. Los conocés uno por uno, sabés por qué se fueron y tenés la conversación guardada. Y cada uno cuesta más de lo que parece: una póliza perdida no cuesta una cuota, cuesta doce, más las otras pólizas que ese cliente tenía con vos.

La fuga que no ves. Tomá la parte de la cartera con débito automático —pongamos 200 pólizas— y aplicale tu tasa mensual de rechazo. La mayoría de los rebotes se recupera solo en el reintento del ciclo siguiente; el problema son los que rebotan dos veces seguidas. Si uno o dos por mes llegan a la anulación, son entre 12 y 24 pólizas al año que se caen sin que nadie haya comparado nada: del orden de la mitad de lo que perdés discutiendo precio, sin una sola conversación de por medio.

Ninguno de esos números es el tuyo. El único que importa lo sacás en veinte minutos: pedile al sistema las pólizas anuladas por falta de pago de los últimos doce meses y contalas. Si ese número te sorprende, ya sabés cuál de las dos fugas atender primero, y no es la que estabas mirando.

Esa misma cartera de 300 tiene una segunda lectura, y es la que decide si el calendario de arriba se sostiene con una planilla o no. Con 25 vencimientos mensuales, escribir nunca es el problema: los 75 mensajes se despachan mientras hacés otra cosa. Lo que se come el mes son las tres tareas que rodean a esos mensajes, y ninguna se arregla escribiendo mejor: recotizar en cada portal, cruzar el archivo de rechazos y leer lo que vuelve en texto libre.

TareaCon 25 renovaciones al mesCuándo deja de entrar en el día
Mandar los tres contactos75 mensajes, se despachan mientras hacés otra cosaCasi nunca: no es acá donde se rompe
Recotizar en varias compañías25 × 3 portales × unos 15 minutos de carga: 15 a 20 horasAl tercer portal, o al segundo ramo con datos distintos
Cruzar el listado de rechazosUna vez por mes, media hora si la cartera está ordenadaCuando cada compañía publica su archivo con su formato y su fecha
Leer y rutear lo que contestanEntre 30 y 50 respuestas en texto libreCuando se superponen con las cotizaciones nuevas del día

El número que decide no es cuántas pólizas tenés: es cuántas veces tipeás los mismos datos. Un productor con 400 pólizas de una sola compañía y cobranza por transferencia vive tranquilo con una planilla. Uno con 150 pólizas en cuatro compañías, tres ramos y débito automático ya tiene un problema de tiempo, y no es de volumen: es que el mismo modelo, año, código postal y cochera se cargan cuatro veces por renovación en cuatro portales que no se hablan entre sí.

Del lado de la cobranza pasa lo mismo. Con una compañía, revisar los rechazos es una rutina mensual corta. Con cuatro son cuatro archivos, cuatro formatos y cuatro fechas de publicación, y es la primera tarea que se saltea cuando la semana viene cargada. Justo la que no tiene segunda oportunidad.

Lo que no se automatiza en seguros

El siniestro, nunca. Cuando entra un "choqué" o "me entraron", responde una persona desde el primer mensaje, y ese primer mensaje no pide papeles. Hay plazos de denuncia que corren desde el hecho y una versión de lo ocurrido que conviene escuchar antes de que el cliente la escriba en un formulario: lo que declara en las primeras horas condiciona todo el expediente.

El asesoramiento de cobertura tampoco, y acá el límite no es de criterio comercial sino de matrícula. Recomendar una suma asegurada, sacar una cobertura o aceptar una franquicia más alta es un acto de asesoramiento que está a tu nombre y del que respondés ante el organismo de control. Un texto automático que le sugiere al cliente bajar cobertura para que el precio le cierre no es una automatización con mal tono: es tu responsabilidad profesional delegada en una plantilla.

La suscripción, menos todavía. Decirle a alguien que su riesgo entra o no entra —un auto de más de veinte años, un comercio con una actividad que no es la declarada, un conductor con siniestralidad reciente— es una respuesta que la compañía da caso por caso. Si la das automatizada, después la tenés que sostener.

El número que casi ningún productor tiene a mano

Antes de pedirle presupuesto a nadie, armá un dato que no está en ningún tablero: cuántas pólizas se te anularon por falta de pago en los últimos doce meses. No las bajas voluntarias, que son otra conversación y hasta pueden ser sanas para la cartera. Las otras: las que se cayeron porque un débito rebotó, la compañía lo publicó en su listado de rechazos y nadie lo leyó antes de que venciera el plazo de rehabilitación. Sale de sumar doce archivos que ya te llegaron.

Dividilo por tu cartera y tenés el número que ordena todo lo demás. Si te da por debajo del 1% y operás con una sola compañía, el calendario de tres contactos lo sostenés con tu propio listado de vencimientos y una agenda: no hay proyecto acá, y el tiempo se te está yendo en otro lado. Si te da arriba del 3% y recotizás en cuatro portales, ya sabés que tu problema no es escribir mensajes de renovación: es el tipeo repetido y un archivo mensual que la semana cargada se come.

Y después una sola pregunta más, que es la que duele: de esas anulaciones, ¿cuántas se cayeron mientras el plazo de rehabilitación todavía corría? Ésas no las perdiste por precio ni porque el asegurado se fuera a otro productor. Las perdiste por no haber abierto un archivo a tiempo, y son las únicas que se recuperan sin descontar comisión.

Ese porcentaje, y nada más que ese porcentaje: info@striqtech.com.

Preguntas frecuentes

¿Con cuántos días de anticipación hay que avisar el vencimiento de una póliza?

El plazo no sale de una buena práctica de comunicación: sale de cuánto tarda el trabajo previo a escribir. Si recotizás automotor en tres o cuatro compañías con datos actualizados, necesitás 45 días. En comercio e integrales son 60, porque el inventario y las sumas aseguradas los tiene el cliente y tarda en juntarlos. En hogar alcanzan 30. Si recotizás en una sola compañía, tu plazo real es más corto y no pasa nada. Lo que no funciona es un único aviso a 7 días: ahí ya no te queda tiempo material para recotizar y estás compitiendo contra la propuesta que el cliente tiene en la mano.

¿Conviene mandar el precio de la renovación en el primer aviso?

No, y es el error más caro de la secuencia. Un precio a 45 días es una cifra sin contexto que el cliente usa para pedir comparaciones durante mes y medio. El primer contacto pregunta qué cambió en el año —cochera, quién maneja, accesorios, uso— y no menciona la palabra renovación. Recién con esos datos actualizados el número del segundo contacto se puede defender en una línea, en vez de aparecer como un aumento sin explicación. Además, esas respuestas son las que te dicen qué palanca de cobertura podés ofrecer sin desproteger al cliente.

Si la póliza tiene débito automático, ¿igual hace falta avisar?

Más todavía, y por dos motivos distintos. El comercial: en la renovación automática el cliente se entera del aumento cuando le llega el resumen de la tarjeta, y ahí no discute la cuota, se va con las tres pólizas que tenía con vos. El operativo, que es peor: el débito automático es el que se cae solo. Si la tarjeta se reemitió con vencimiento nuevo o la cuenta se cerró, la cobranza rebota y la póliza avanza hacia la anulación sin que nadie hable con nadie. El aviso previo al débito debe decir el día exacto, el importe y los últimos cuatro dígitos, justamente porque es la única oportunidad de que el cliente detecte que esos cuatro dígitos ya no son los suyos.

¿Cuántas pólizas hacen falta para que convenga automatizar los vencimientos?

No lo decide el tamaño de la cartera sino cuántas veces cargás los mismos datos. Escribir los avisos de 25 vencimientos mensuales no le rompe el día a nadie; recotizar esas 25 en tres o cuatro portales que piden exactamente la misma información y no se hablan entre sí son quince a veinte horas de tipeo al mes. El segundo corte es la conciliación de cobranzas: con una compañía es una rutina mensual de media hora, con cuatro son cuatro archivos con formatos y fechas distintas. Un productor con 400 pólizas de una sola compañía puede no necesitar nada; uno con 150 en cuatro compañías y tres ramos ya tiene el problema.

¿Cómo me entero de que una póliza se cayó por un débito rechazado?

Por el listado de cobranzas rechazadas que cada compañía publica en su extranet, y solo si alguien lo abre con fecha fija todos los meses. El cliente no te va a avisar porque no lo sabe: le reemitieron la tarjeta con vencimiento nuevo, cerró la cuenta del débito o el consumo rebotó por tope, y sigue creyendo que está cubierto porque nunca dio de baja nada. Mientras tanto la mora suspende la cobertura, con plazos y forma de rehabilitación que fija cada póliza y que conviene leer en las condiciones generales de la tuya. Entre el primer rebote y la anulación hay una ventana de semanas donde una llamada de dos minutos lo resuelve; después el cliente pierde antigüedad y bonificación, y recuperarlo sale más caro que conseguir uno nuevo.

¿Se pueden mandar datos de pólizas y cotizaciones por WhatsApp?

Los datos operativos sí: número de póliza, vencimiento, cobertura, importe. Lo que no va nunca por chat es el número completo de tarjeta, la clave bancaria ni fotos de documentación sensible que después queden en el teléfono de quien atiende. El caso más frecuente es también el más incómodo: el cliente cuyo débito rebotó porque le renovaron el plástico y te quiere pasar el número nuevo por el chat. La respuesta es siempre el link de pago o el canal de la compañía, aunque haga más lento el trámite y aunque el cliente insista.

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